1. Galileo demuestra que todos los objetos caen a la misma velocidad (1589)
En la Italia del siglo XVI en la que vivía Galileo Galilei, el saber científico estaba mayoritariamente formado por teorías que no habían sido modificadas significativamente desde la altigua Grecia. Uno de esos antiguos griegos, Aristóteles, había postulado que los objetos caen a distinta velocidad según su peso: cuanto más pesados, más rápida la caída.
Uno de los experimentos más famosos de Galileo demostró que Aristóteles estaba equivocado: se subió a la torre de Pisa y lanzó desde lo alto varias bolas de distinto peso, que llegaron al suelo al mismo tiempo. Galileo postuló que si una pluma tarda más en cae que una piedra no tiene que ver con su peso, sino con la resistencia que ejerce el aire en su camino hacia el suelo.
Desde que Arquímides gritó su famoso "¡Eureka!", si es que realmente lo hizo, hasta los sofisticados y a veces enormes experimentos en los que trabajan hoy los físicos de partículas, sería imposible señalar cuál ha sido el momento más importante. El saber científico no se construye en momentos puntuales, sino como una carrera de fondo continuada en el que los investigadores trabajan sobre los resultados anteriores, poniéndolos a prueba e imaginando qué más queda por descubrir.
2. Newton divide la luz blanca en sus siete colores (1672)
Solemos representar a Isaac Newton acompañado de su inseparable manzana, pero quizá tendríamos que incluir en la estampa un arco iris. Y es que él fue el primero en demostrar cómo se forma ese bonito fenómeno meteorológico.
En 1672, Newton hizo pasar la luz que entraba por su ventana a través de un trozo de cristal con forma triangular, o un prisma. El resultado fue la aparición de un espectro de siete colores, que se correspondían con los colores del arco iris. Así demostró que cuando la luz blanca pasa a través de un cristal, ésta se descompone en luz de distintos colores según sus longitudes de onda.
3. Henry Cavendish pesa la Tierra (1798)
En el siglo XVIII, el físico británico asumió la titánica tarea de pesar nuestro planeta. Para ello, midió su densidad, de forma que pudiese a partir de ese dato calcular su masa.
Para hacerlo, construyó su propio experimento, una balanza con un brazo horizontal de madera de casi 2 metros de longitud, de cuyos extremos cogaban dos esferas de plomo de la misma masa. La vara estaba suspendida por una larga cuerda. Cerca de las esferas, dispuso otras dos esferas de plomo de 175 kg cada una, cuya acción gravitatoria debía atraer las masas de la balanza, produciendo un pequeño giro.
Thomas Young demuestra que la luz es una onda... ¿o no? (1803)
Isaac Newton pensaba que un rayo de luzs era una especie de tren o cadena de partítulas diminutas, o corpúsculos, que navegaban a través del espacio y del cielo, hasta que otro gran experimento demostró que no era así en absoluto. A principios del siglo XIX, Thomas Young diseñó el siguiente experimento: cogió una tabla plana, le hizo dos aberturas estrechas y situó una fuente de luz entre las dos, de forma que los rayos atravesasen ambas aberturas simultáneamente y se proyectasen en la pared tras ella.
5. James Prescott Joule demuestra el principio de conservación de la energía (1840)
La ley de conservación de la energía es una ley básica de la física que dice que cualquier cosa que ocurre necesita la energía que requiere hacerla. Por ejemplo: si vas a conducir de Madrid a Barcelona necesitas el equivalente a 621 kilómetros en gasolina; o si vas a correr una maratón, necesitas el equivalente a 42 kilómetros en calorías. En cualquie caso, la energía que necesitas es equivalente al trabajo que quieres hacer (entendiendo trabajo como la aplicación de una fuerza durante una determinada distancia.
Hippolyte Fizeau mide la velocidad de la luz (1851)
Cuando no había relojes tan precisos como los que tenemos ahora, y lo máximo que se podía concretar el tiempo con precisión era en segundos, el físico francés Hippolyte Fizeau consiguió medir la velocidad de la luz, pero tuvo que hacerlo en grandes distancias.
7. Robert Millikan mide la carga del electrón (1909)
La unidad mínima de electricidad es igual a la carga de un solo electrón, pero ¿cómo medir algo tan pequeño? A principios del siglo XX, Robert Millikan dio con la clave. Roció gotas de aceite entre dos placas eléctricamente cargadas que estaban suspendidas horizontalmente, una debajo de la otra. Después de aplicar sobre ellas una carga eléctrica, descubrió que podía moverlas arriba y abajo al ajustar el voltaje de las placas, y midiendo la velocidad de su movimiento, podía calcular la carga que tenían.
Ernest Rutherford, y sus colaboradores, dividen el átomo (1897-1932)
Los antiguos griegos creían que la materia estaba formada por unos bloques básicos que llamaron átomos, una palabra que significa "que no puede ser dividido". Sin embargo, a finales del siglo XIX los científicos comenzaron a darse cuenta de que los átomos estaban formados por partículas aún más pequeñas. La división del átomo se consiguió con una serie de experimentos que tuvieron lugar entre 1897 y 1932, en los que se estudió de qué partes constaba un átomo y cómo estaban organizadas.
9. Enrico Fermi demuestra la reacción atómica en cadena (1942)
A mediados del siglo XX, los científicos ya tenían claro cuál era la estructura del átomo, y gracias a los trabajos teóricos de Einstein, sabían también que la materia y la energía son la misma cosa y que una pequeña cantidad de energía podía, en teoría, ser convertida en una enorme cantidad de energía. Es decir, que de alguna manera debía ser posible dividir átomos para liberar gigantescas cantidades de energía.
10. Rosalind Franklin fotografía el ADN con rayos X (1953)Aunque el descubrimiento de la estructura del ADN, con su forma de doble hélice, fue merecedora de un Nobel en 1962, un miembro del equipo científico sin el que el descubrimiento nunca hubiese sido posible quedó fuera del reconocimiento. Se llamaba Rosalind Franklin y había muerto de cáncer en 1958 a los 37 años. Franklin fue la autoda de una importante fotografía tomada por difracción de rayos X que sirvió para revelar una gran cantidad de información sobre la estructura del ADN.

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